El mejor entrenador que conocí nunca daba respuestas
Los mejores líderes no son quienes tienen todas las respuestas, sino quienes desarrollan la capacidad de otros para encontrarlas. Este artículo explora por qué hacer mejores preguntas puede transformar la forma en que las personas aprenden, resuelven problemas y crecen.
PENSAR DIFERENTE


Durante muchos años pensé que un buen entrenador era alguien que sabía mucho.
Alguien capaz de responder cualquier pregunta.
Alguien a quien todos acudían cuando aparecía un problema.
Era lógico.
Después de todo, la experiencia sirve precisamente para eso.
Para conocer respuestas que otros todavía no conocen.
Con el tiempo conocí a una persona que cambió por completo esa idea.
Era uno de los mejores entrenadores que había visto.
Cuando alguien llegaba con una duda, todos esperábamos escuchar la explicación.
Nunca llegaba.
En lugar de responder, hacía una pregunta.
—¿Tú qué estás viendo?
La persona respondía.
Entonces venía otra pregunta.
—¿Qué te hace pensar eso?
Y después otra.
—¿Cómo podríamos comprobarlo?
Al principio me desesperaba.
Yo quería escuchar la respuesta.
Él parecía empeñado en retrasarla.
Pasaron varios meses antes de entender lo que realmente estaba ocurriendo.
No estaba enseñando una solución.
Estaba enseñando una manera de pensar.
Si él respondía inmediatamente, el problema desaparecía.
Pero también desaparecía la oportunidad de aprender.
En cambio, cuando alguien encontraba la respuesta por sí mismo, ocurría algo diferente.
La solución resolvía el problema de ese día.
El aprendizaje ayudaba a resolver los siguientes.
Entonces comprendí algo que nunca había considerado.
Responder preguntas desarrolla dependencia.
Hacer buenas preguntas desarrolla criterio.
Y el criterio es mucho más difícil de olvidar que una respuesta.
Eso no significa que un entrenador nunca deba explicar.
Hay momentos en los que compartir experiencia ahorra tiempo, evita errores o protege a las personas.
Pero incluso entonces existe una diferencia enorme entre entregar una respuesta...
...y ayudar a alguien a construirla.
Con los años descubrí que los mejores entrenadores rara vez eran los que más hablaban.
Eran los que lograban que otros pensaran más.
Desde entonces, cuando alguien me hace una pregunta, intento recordar a aquel entrenador.
Y antes de responder, procuro hacerme una pregunta a mí mismo.
¿Lo que esta persona necesita es mi respuesta... o una oportunidad para desarrollar la suya?
