Formar entrenadores, no expertos

La mayoría de las organizaciones invierte en crear expertos. Toyota invierte en formar entrenadores. Los expertos resuelven los problemas de hoy. Los entrenadores desarrollan a las personas que resolverán los de mañana. Esa diferencia lo cambia todo.

DESARROLLO DE PERSONAS

Katsu Watanabe

7/23/20263 min leer

La mayoría de las organizaciones recompensa a quienes tienen las respuestas.

Mientras más sabe una persona, más indispensable parece volverse.

Con el tiempo, todas las preguntas difíciles terminan llegando al mismo escritorio.

Las decisiones importantes esperan a la misma persona.

Los problemas más complejos dependen siempre del mismo experto.

Al principio parece eficiente.

Con el tiempo, se convierte en el mayor cuello de botella de la organización.

Cuando comencé mi camino en el Sistema de Producción Toyota, también pensaba que mi responsabilidad era convertirme en el experto.

Quería conocer cada herramienta.

Cada metodología.

Cada respuesta.

Si alguien tenía una duda, quería ser capaz de resolverla.

Pensaba que eso era liderar.

Con los años descubrí que no.

Mientras más respuestas daba, menos oportunidades tenían los demás para aprender a pensar por sí mismos.

Sin darme cuenta, me había convertido en la persona más rápida para resolver problemas.

Y, al mismo tiempo, en el mayor obstáculo para desarrollar a otros.

Toyota me enseñó algo completamente diferente.

El objetivo no es construir organizaciones que dependan de expertos.

El objetivo es construir organizaciones llenas de personas capaces de pensar.

Y eso cambia por completo el papel del líder.

Su valor deja de medirse por la cantidad de respuestas que tiene.

Empieza a medirse por la cantidad de personas que ya no necesitan sus respuestas.

Por eso Toyota dedica tanto tiempo a desarrollar entrenadores.

No porque sepan más que los demás.

Sino porque saben cómo ayudar a otros a aprender.

Un entrenador entiende que dar una respuesta termina una conversación.

Hacer la pregunta correcta la comienza.

Un enfoque crea dependencia.

El otro desarrolla capacidad.

A lo largo de los años tuve el privilegio de ayudar a formar decenas de entrenadores.

Y siempre observé algo interesante.

Los mejores entrenadores rara vez eran quienes más conocimiento técnico tenían.

Eran quienes sabían escuchar.

Quienes mantenían la curiosidad.

Quienes resistían la tentación de demostrar todo lo que sabían.

En lugar de explicar inmediatamente, observaban.

En lugar de corregir de inmediato, preguntaban.

En lugar de resolver el problema, ayudaban a alguien más a resolverlo.

Eso requiere paciencia.

Pero, sobre todo, requiere humildad.

Los expertos suelen volverse indispensables.

Los entrenadores trabajan para dejar de serlo.

Puede parecer una idea contradictoria.

La mayoría de las carreras profesionales se construyen alrededor de la idea de volverse indispensable.

Toyota piensa distinto.

Si un equipo no puede mejorar sin ti, entonces tu mayor contribución no ha sido tu conocimiento.

Ha sido la dependencia que el equipo desarrolló hacia ti.

La verdadera medida de un entrenador no es cuántas veces las personas le piden ayuda.

Es cuántas veces ya no la necesitan.

Esto no significa que la experiencia no sea importante.

Por supuesto que lo es.

El conocimiento importa.

La experiencia importa.

La competencia técnica importa.

Pero el conocimiento nunca debe ser el destino.

Debe convertirse en el punto de partida para desarrollar a otras personas.

Porque el conocimiento que permanece en una sola persona tiene un alcance limitado.

El conocimiento que se convierte en la capacidad de alguien más transforma una organización.

En alguna ocasión alguien me preguntó cuántos entrenadores habíamos desarrollado.

Me di cuenta de que el número no era lo más importante.

La verdadera pregunta era otra.

¿Cuántos de esos entrenadores estaban formando nuevos entrenadores?

Porque ahí es donde el aprendizaje deja de crecer de forma lineal.

Y comienza a multiplicarse.

Ahí es donde la mejora continua deja de depender de individuos excepcionales y se convierte en parte de la cultura.

Más allá del aprendizaje

Las organizaciones rara vez fracasan por falta de expertos.

Con mucha más frecuencia fracasan porque el conocimiento permanece concentrado en muy pocas personas.

Los mejores líderes no miden su éxito por la cantidad de problemas que son capaces de resolver.

Lo miden por la cantidad de personas que son capaces de resolver problemas sin ellos.

Porque las organizaciones no se fortalecen cuando crean más expertos.

Se fortalecen cuando los expertos deciden convertirse en entrenadores.