Los fabricantes chinos están obligando a Toyota a moverse más rápido. Toyota está obligando a los fabricantes chinos a aprender más rápido.

¿La ventaja competitiva proviene de lanzar productos más rápido o de aprender más rápido? La industria automotriz ofrece una oportunidad para reflexionar sobre dos filosofías distintas de desarrollo organizacional y lo que pueden enseñarnos sobre la mejora continua.

DESARROLLO DE PERSONASPENSAR DIFERENTE

Katsu Watanabe

7/28/20262 min leer

Hace apenas unos años, la conversación parecía sencilla.

Los fabricantes tradicionales dominaban la calidad y la confiabilidad.

Los nuevos fabricantes chinos dominaban la velocidad.

Hoy la realidad es mucho más interesante.

Las empresas chinas de vehículos eléctricos han demostrado que pueden desarrollar productos, integrar nuevas tecnologías y responder al mercado a una velocidad que pocos imaginaban posible.

Han obligado a toda la industria a acelerar.

Toyota, por su parte, sigue siendo una referencia mundial en otra disciplina menos visible.

No la velocidad para lanzar un nuevo modelo.

La velocidad para aprender.

Y esa diferencia cambia completamente la naturaleza de la competencia.

Muchas personas piensan que Toyota avanza lentamente porque tarda más en adoptar ciertas tecnologías.

Pero desde la perspectiva del Toyota Production System, la pregunta nunca ha sido:

"¿Qué tan rápido podemos lanzar algo nuevo?"

Sino:

"¿Qué tan rápido podemos aprender sin comprometer aquello que el cliente valorará durante los próximos veinte años?"

Es una forma distinta de entender la velocidad.

Mientras algunas organizaciones reducen el tiempo entre una idea y el mercado, Toyota ha dedicado décadas a reducir el tiempo entre un problema y el aprendizaje.

Eso no significa que uno de los enfoques sea superior al otro.

Significa que responden a prioridades diferentes.

Quizá la pregunta ya no sea si debemos elegir entre velocidad o estabilidad. La verdadera pregunta es qué tipo de organización puede aumentar su velocidad sin sacrificar su capacidad de aprender. Porque una empresa puede comprar tecnología, contratar ingenieros o acelerar el desarrollo de productos. Lo que no puede comprar es una cultura de aprendizaje. Esa sólo puede construirse con el tiempo.

Los fabricantes chinos están elevando el estándar de rapidez con el que una empresa puede innovar.

Toyota continúa elevando el estándar de rapidez con el que una organización puede aprender de manera sistemática.

Y, probablemente, el futuro pertenezca a quienes logren combinar ambas capacidades.

Porque lanzar productos rápidamente puede generar una ventaja competitiva.

Pero desarrollar una organización que aprende continuamente puede sostener esa ventaja durante décadas.

La competencia más interesante de la industria automotriz ya no consiste únicamente en quién fabrica el mejor vehículo.

Consiste en qué sistema desarrolla personas capaces de seguir mejorando cuando las condiciones del mercado vuelvan a cambiar.