Todo es urgente

El lunes por la mañana parece que todo requiere atención inmediata. Correos, reuniones, llamadas y problemas compiten por el mismo espacio. Pero ¿y si la urgencia no fuera el problema? ¿Y si solo fuera el síntoma de un sistema que dejó de aprender?

LUNES POR LA MAÑANA

Katsu Watanabe

7/30/20262 min leer

A las ocho y cuarto de la mañana del lunes, ya comenzó.

La bandeja de entrada se llena más rápido de lo que puedes leer.

Alguien necesita una decisión.

Producción tiene un problema.

Ventas espera una respuesta.

Calidad quiere reunirse.

El teléfono suena antes de terminar el primer café.

Y, curiosamente, casi todas las conversaciones empiezan igual.

"Es urgente."

Después de un rato, resulta difícil recordar qué no lo es.

Muchos líderes pasan toda su carrera volviéndose extraordinariamente buenos para atender emergencias.

Responden rápido.

Toman decisiones.

Resuelven problemas.

Saltan de una crisis a la siguiente.

Los demás admiran su capacidad para mantener la calma bajo presión.

Parece liderazgo.

A veces lo es.

La mayoría de las veces, no.

Un sistema que depende de reacciones heroicas suele ser un sistema que dejó de aprender.

Las emergencias rara vez aparecen de la nada.

Un pequeño retraso termina convirtiéndose en un incumplimiento.

Un defecto menor acaba llegando al cliente.

Una decisión sencilla se vuelve urgente porque nadie tuvo tiempo de tomarla ayer.

Muchas veces, la urgencia no es más que el problema de ayer apareciendo en la agenda de hoy.

Una de las lecciones más valiosas que aprendí del Sistema de Producción Toyota fue que las urgencias merecen curiosidad.

No pánico.

Cuando todo parece urgente, hay una pregunta que vale más que cualquier respuesta inmediata.

¿Por qué esto llegó a ser urgente?

Esa pregunta cambia por completo la conversación.

Dejamos de preguntarnos quién va a resolver el problema.

Y comenzamos a preguntarnos qué permitió que el problema creciera hasta convertirse en una emergencia.

Lo interesante de las grandes organizaciones no es que trabajen más rápido.

Es que producen menos urgencias.

No porque tengan personas extraordinarias.

Sino porque construyen sistemas extraordinarios.

Los problemas se hacen visibles antes.

Las decisiones se toman más cerca del lugar donde ocurre el trabajo.

Las personas hablan entre ellas antes de que la situación se vuelva crítica.

El aprendizaje empieza a reemplazar a los incendios.

Y, poco a poco, los lunes dejan de sentirse igual.

Por supuesto, siempre existirán situaciones inesperadas.

Un proveedor incumplirá.

Una máquina fallará.

Un cliente cambiará de opinión.

La realidad nunca seguirá exactamente nuestros planes.

El objetivo no es eliminar todas las emergencias.

El objetivo es dejar de fabricar las que sí estaban bajo nuestro control.

Porque esas son las más costosas.

Y también las más evitables.

Lo curioso es que muchos líderes, sin darse cuenta, terminan disfrutando sentirse indispensables.

La urgencia constante les hace pensar que son necesarios.

Si todos dependen de ellos, quizá estén haciendo un buen trabajo.

Pero la dependencia no es una medida del liderazgo.

Con frecuencia es una evidencia de que el sistema todavía no ha aprendido a funcionar sin ellos.

Los mejores líderes no construyen organizaciones que necesitan más héroes.

Construyen organizaciones que los necesitan cada vez menos.

Lunes por la mañana

Las primeras horas del lunes suelen revelar más sobre una organización que cualquier indicador.

Si cada lunes todo parece urgente...

No preguntes cómo trabajar más rápido.

Pregúntate por qué el sistema sigue produciendo urgencias.

Porque las organizaciones no mejoran respondiendo a más emergencias.

Mejoran cuando aprenden a crear menos.